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Breve historia de la confitería gijonesa

confiteriasIntentar resumir el último siglo de historia en tan solo unas líneas no es tarea difícil sino imposible, pero si he de hacerlo me quedaría con la certificación de una realidad, con la imagen de que aunque se han vivido guerras, civiles y mundiales, y consiguientemente ha habido épocas en las que se ha pasado hambre, nunca hemos renunciado a nuestra vertiente golosa.

Durante muchos años, el patrimonio dulce estuvo en los hogares, en manos de aquellas señoras que rodillo de madera en mano se pasaban horas preparando la masa de les casadielles o removiendo una cacerola llena de arroz y leche.

La historia de la ciudad siempre ha estado vinculada a su vertiente gastronómica, ya sea en su parte dulce o salada. Pero lo llambión siempre ha tenido un protagonismo indudable. Somos así, y muchos dicen que lo dulce nos ha forjado este carácter amable y campechano y nos ha ayudado a ser más felices.

Actualmente la ciudad cuenta con 65 confiterías, la más antigua de cuantas permanecen en activo es La Playa que se fundó en el año 1921 a los pies del mar. En aquellos años lo que se estilaba era vender los pasteles y los chocolates por la calle, carromato en mano. Trece años más tarde se inauguró La Ibense, que abría solamente los veranos para vender helados.

goloso1El consumo de chocolate llegó a ser tan elevado que el puerto de El Musel se coronó como el lugar del país donde más cacao desembarcaba, proviniente de Ámerica. Gijón llegó a tener en los años 80 más de cien confiterías.

Los confiteros gijoneses en su mayoría no provienen de afamadas escuelas internacionales, sino que más bien se han enseñado el oficio unos a otros. Yo creo que a estas alturas pocos dudan de que La Bombonera, prestigiosa confitería de la calle Corrida recientemente desaparecida, fue la mejor escuela dulce de la ciudad. Otros no ejercen, pero han transmitido sus conocimientos a sus hijos, y la mayoría ya no se encuentran entre nosotros, aunque también han dejado su legado a buen recaudo.

Algunos de los postres más emblemáticos de la ciudad se han creado en la segunda mitad del siglo XX. La tarta gijonesa se sirvió por primera vez en una boda de la familia Agüera en 1971, creada para tal fin por el pater familia de esa saga confitera y que popularizó con una versión con galletas el restaurante La Pondala y después la confitería La Fé de Hermanos Álvarez Baños denominándola postre gijonés.

La otra gran creación de las últimas décadas es en realidad una importación ya que la tarta charlota es un desarrollo de una receta que trajo a la ciudad un confitero austriaco, Federico Wazinger, y que convenientemente adaptada al gusto local se ha convertido en el otro emblema de la capital de la Costa Verde. Federico fundó la confitería La Vienesa en la calle Covadonga en los años cuarenta.

Al final, con estos ingredientes, se conforma un conjunto sumamente atractivo, del que tienen especial culpa aquellos que cada mañana se levantan para amasar y darle forma a lo que vamos posteriormente a deglutir. Ellos se merecen la mayor de nuestras admiraciones.