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Vestigios del pasado. Referencias del presente

Restos arqueológicos, industria, casas de aldea, iglesias.

Zona: Occidente del concejo.
Distancia: 29 kilómetros.
Duración: 3 horas.
Comienzo: Salida Playa Poniente.
Final: El Empalme (Veriña).

Recorrido:

  • El Natahoyo.
  • La Calzada.
  • Campa de Torres.
  • Poago.
  • Monte Areo (opcional).
  • Monteana.
  • Embalse de San Andrés de los Tacones (opcional).
  • Serín y el concejo de Carreño (Ambás, Valle, Guimarán, Pervera).


Se aconseja:

Coche y breves recorridos a pie.

Recomendaciones:

Consultar horarios de Aula de Interpretación del Parque Arqueológico y Natural de la Campa de Torres.

Descripción:

Gijón vestigios del pasado, referencias del presente nos guiará por la zona occidental del municipio de Gijón adentrándonos en las parroquias rurales de Poago, Fresno, Tacones y Serín. Esta ruta nos permitirá conocer nuestros orígenes más remotos acercándonos al Parque Arqueológico de la Campa de Torres, ofreciéndonos la posibilidad de visitar las piedras tumulares del Monte Areo para pasar, como si de un recorrido histórico se tratase, a la época medieval con los restos románicos, muy bien conservados, de la iglesia de San Miguel de Serín. El fuerte contraste de un remoto pasado arqueológico y otro reciente industrial con la casi permanente visión de la factoría de Aceralia a lo largo de nuestro recorrido, todo ello en el marco de un mundo rural donde conviven hórreos y muchos más elementos de la etnografía rural, nos darán una heterogénea y contrastada visión de nuestro concejo.

Iniciamos el recorrido en la playa de Poniente, junto al Museo del Ferrocarril de Asturias, al que bordeamos por su lateral derecho, siguiendo el indicador que nos lleva al barrio del Natahoyo y La Calzada, y, al final de la calle, llegamos a una rotonda en la que giraremos a la derecha para tomar la calle de Mariano Pola que nos conducirá a lo largo de una transitada vía que atraviesa longitudinalmente estos barrios, símbolo del despegue industrial de la ciudad y surgidos a la luz de la actividad de los cercanos astilleros. Al finalizar el núcleo urbano (estamos en la carretera costera de Avilés AS-19), muy pronto encontramos, a la derecha, un indicador al Parque Arqueológico y Natural de la Campa Torres al que nos acercaremos disfrutando en nuestro ascenso de unas bellas panorámicas del concejo de Gijón y el Puerto del Musel.

Este parque arqueológico, ejemplo destacable de la cultura castreña del noroeste peninsular, es el resultado de las excavaciones comenzadas en el año 1783 cuando Manuel Reguera, arquitecto amigo del ilustrado gijonés Gaspar Melchor de Jovellanos, realizó una primera investigación sobre el terreno. Largo tiempo olvidada, esta zona fue usada como área militar de defensa estratégica de la ciudad de Gijón y muestra de ello es el antiguo búnker de artillería integrado en el Museo. A partir de 1980, el arqueólogo Manuel Fernández Miranda y, posteriormente, José Luis Maya y Francisco Cuesta reanudaron los trabajos, fruto de los cuales son los restos que hoy podemos visitar: 50.000 m2 que nos confirman que aquí estuvo el primer poblado conocido de Gijón con orígenes que se remontan al siglo V antes de Cristo y cuyos pobladores eran astures, de la gentilidad de los cilúrnigos, nombre de raíz céltica que significaba los calderereros y que tal vez hacía referencia a la actividad de la fundición del metal a la que se dedicaban, además de a la ganadería, agricultura, pesca etc... Posteriormente, y gracias a la situación estratégica del Cabo Torres en relación con el comercio, se convierte en un punto de intercambio y de influencia romana. Con el paso del tiempo, estos primitivos gijoneses decidieron asentarse en un lugar más recogido, más al oriente, asentándose en lo que hoy llamamos Cimavilla, origen de la ciudad de Gijón. Recomendamos visitar el Aula de Interpretación, un recinto museístico que nos ayuda a comprender e interpretar esta parte de historia de la ciudad.

El lugar donde nos encontramos se bifurca en dos Puntas: la Punta Grande y la Punta de la Forcada, separadas por la Cala de la Ciruela. Es impresionante esta abrupta costa cuarcítica con acantilados de más de 70 metros y fuertes pendientes.

Aquí se pueden observar gran número de especies de aves como cormoranes, alcatraces, gaviotas, petreles, alcas, etc..., así como una flora muy particular ligada a este ecosistema a pie entre la tierra y el mar. Desde el faro, que se alza cercano, encontramos un estupendo mirador que nos descubrirá todo el perfil costero del Concejo de Gijón, de oriente a occidente, alcanzando, en esta última dirección, el vecino Concejo de Carreño.

Desandamos el camino que nos condujo a la Campa Torres para retomar la carretera AS-19 en dirección Avilés, la misma que tomamos en el cercano cruce.

Es importante estar atentos a los indicadores de carretera en esta zona. Pasados unos metros, un indicador nos desvía hacia la derecha siguiendo la dirección Área Industrial-Veriña. Esta carretera nos conduce a una glorieta, debajo del viaducto, de la que salimos tomando la dirección a Avilés. A unos cien metros de esta glorieta nos desviamos a la izquierda por el indicador Poago-Monteana, justo antes de atravesar el arco que forma el viaducto del ferrocarril.

A lo largo de este tramo del camino, a nuestra izquierda, nos acompaña la imagen de la factoría de Aceralia. Esta empresa siderúrgica, anteriormente conocida como ENSIDESA, fue un motor no sólo económico, sino también demográfico de Gijón. Baste decir que hacia 1970, año de su puesta en marcha, llegó a dar empleo, sumando las factorías de Gijón, Avilés y Mieres, a más de veinticuatro mil trabajadores, algunos asturianos, otros muchos de fuera de la región. Sin desviarnos de nuestro camino, vemos, junto a un establecimiento hostelero, un ensanche a la izquierda de la carretera con un muro que cierra una finca en la que se levanta la iglesia de Santa Ana de Poago. Reconstruida en el año 1939, cuenta con un retablo con tallas del imaginero Luis Fernández de la Vega. Su cementerio anexo data del año 1879.

Tanto Poago como Monteana, o también Montiana, unos dos kilómetros más adelante en nuestra ruta, son núcleos fuertemente influidos por la cercana factoría siderúrgica.

Aunque nuestra ruta continua por esta carretera, si el tiempo lo permite y es viajero sin prisa, recomendamos seguir cualquiera de los muchos caminos que nos conducen al Monte Areo, indicado, bien con este nombre, o haciendo referencia al Área Recreativa que en el alto se encuentra. Nosotros recomendamos el acceso que se encuentra justo detrás del poblado de Monteana, a la derecha, por una carretera que asciende entre plantaciones de eucaliptos.

No tiene pérdida pues la subida se encuentra perfectamente indicada. El Monte Areo cuenta con una de las mayores densidades de túmulos prehistóricos de Asturias así como dólmenes, tumbas construidas con grandes losas de piedra recubiertas por tierra simulando pequeñas elevaciones de terreno cuya antigüedad es de aproximadamente 5.000 años; tal es el caso de Los Llanos y San Pablo, en las inmediaciones del Área Recreativa, ya en el vecino concejo de Carreño. La forma en que hoy se nos presentan, indica que, en el pasado, fueron saqueados en busca de tesoros, siguiendo unas leyendas muy extendidas en toda Asturias respecto a la relación que existían entre las zonas de dólmenes y tesoros escondidos.

Todo el Monte Areo está surcado por pistas forestales y sendas que, aunque de fácil acceso rodado, invitan a la práctica del senderismo. Plantaciones de eucaliptos juntos con manchas de arbolado autóctono y alisedas nos permiten descubrir un espacio tranquilo y sugerente. Si ha optado por esta visita, deshaga el camino andado para retomar nuevamente la carretera que nos conduce a Monteana.

A lo largo del breve trayecto de dos kilómetros que nos lleva de Poago a Monteana, el carácter eminentemente agreste y rural de la margen derecha de la carretera contrasta con la continua visión, a nuestra izquierda, de la factoría siderúrgica, cuya actividad explica el surgimiento de ese microespacio semiurbano que es el núcleo de Monteana: construido en las inmediaciones de la estación de ferrocarril y dotado de colegio, piscina, canchas deportivas, centro social y cultural y establecimientos comerciales. Continuamos por la carretera dejando Monteana a nuestra derecha.

Estamos en la parroquia de Tacones, y aquí podemos desviarnos por una carretera que parte de nuestra izquierda, poco antes de llegar al Bar Romari y, pasando por debajo de la autopista "Y", acceder al Embalse de San Andrés de los Tacones construido en 1964 para servir a la factoría siderúrgica de ENSIDESA. Esta zona se ha ido consolidando como un reconocido observatorio ornitológico de aves migratorias, parada obligada en las grandes rutas migratorias de ánsares, ánades, garzas, ... dicho punto hizo que este lugar fuera declarado Refugio de Caza, sobre todo por el trabajo de observación y de conservación que grupos ecologistas realizan en el entorno.

Es asimismo un lugar ideal para hacer senderismo por la zona de marisma del extremo del embalse. Cruzamos por su presa y al final y de ambos lados parten sendos caminos peatonales que lo bordean.

Desandamos el camino y tomamos la carretera que habíamos dejado y, atravesando la parroquia de Tacones, llegamos, a una distancia de cinco kilómetros, a la parroquia de Serín, lugar donde es obligada una visita. La iglesia de San Miguel, situada a la derecha de la carretera, nos obliga a rodearla para poder acceder a su portada principal. Constituye uno de los templos más ricos del románico gijonés con restos románicos del siglo XII. Nos hallamos ante una construcción que conserva el arco de entrada con sus arquivoltas y el arco de triunfo, ya en el interior del templo, decorado con capiteles de motivos vegetales y animales: pájaros que pican un sapo, caballos con arneses, cuadrúpedos con cabezas humanas y serpientes en diferentes posturas. Todo ello hace referencia a un mundo simbólico que augura grandes castigos a los vicios humanos. La portada es de gran belleza aunque presenta un descentramiento debido a una intervención posterior producto de una restauración. Estamos en el barrio de El Espín que junto con el de Piñera y La Cruciada, constituyen los límites del Concejo de Gijón por la zona oeste.

Después de esta parada, seguimos por la carretera hasta un cruce donde tomamos la dirección a la derecha para circular por la carretera AS-236, siguiendo la indicación de Tabaza, dirección que no abandonaremos en unos siete kilómetros. Muy cerca, un indicador nos advierte que entramos en el Concejo de Carreño y por aquí seguiremos hasta una desviación a la derecha que nos conduce al pueblo de Ambás.

Por los numerosos indicadores que nos encontramos en esta ruta, ya nos habremos dado cuenta que en nuestro periplo estamos bordeando el Monte Areo. Si aún no hemos subido podremos hacerlo por cualquiera de los numerosos caminos que nos encontramos y que cada vez resultan más tentadores. A partir del pueblo de Ambás atravesamos las parroquias Valle, Guimarán, Pervera y ya no dejaremos esta carretera hasta conectar con la carretera AS-19 en la zona de El Empalme.

Según atravesamos estos parajes, no podemos dejar de observar los hórreos y paneras, graneros típicos de Asturias construidos en madera y levantados sobre cuatro, el primero, o seis patas la panera, aquí denominados pegoyos. Su función es mantener a raya a posibles roedores y aislar del ambiente húmedo la cosecha anual. En esta zona se mantiene una peculiar tipología de construcción y decoración, conocida como Estilo Carreño que se caracteriza por utilizar tallas decoradas y pintadas de vivos colores en las paredes exteriores. Estos hórreos además se refuerzan con una doble pared en uno de los lados que, si observamos detenidamente, es el dirigido hacia la costa, quizás para prevenir de los vientos húmedos que provienen del mar. Hórreos y paneras forman parte de las quintanas, viviendas que junto con la tenada o pajar, la cuadra o establo y el huerto, a los que hay que añadir terrenos en los montes cercanos que se dedican a pastizales, forman la tradicional casería asturiana.

Según nos vamos acercando a la costa, aparecen las casas mariñanas, viviendas asimismo tradicionales, donde familias campesinas compaginan su vida rural con la actividad pesquera. Les invitamos a que paren el coche y se adentren por los caminos que conducen a los diferentes barrios que conforman este poblamiento disperso, con la mente abierta a todo lo inesperado, cambiante y natural de este paisaje así como a la hospitalidad y amabilidad de estas gentes, a la charla tranquila apoyados en el muro que delimita un prado o sentados a la sombra de cualquier árbol de ribera.

Llegados a El Empalme, conectamos con la carretera AS-19. Aquí tomamos la dirección hacia Gijón hasta la gasolinera. Pasada ésta, un cruce a la izquierda nos devuelve a la ciudad de Gijón. Con ello daremos por finalizada la ruta por las parroquias rurales del occidente del concejo, ricas en historia.